Hace unos días me encontré a M. Fácil reconocer su forma de andar y de mirar. Siempre gracioso. Siempre el mismo.
Me dijo que el amor es como un par de cañerías viejas donde solo cabe mierda. Reí compulsivamente y me dejé contaminar por el humo de su cigarrillo a medias. No es que me haga gracia M, es que sigues teniendo la misma cara de enamorado que hace un año. Y me preocupa y me alegra y me emociona y me. Me das miedo. Para empezar, M es una cosa genial. Si. Una cosa. Un personaje. Un todo. Vive anclado en el pasado y fotografía a cualquier cosa que ve con encanto ante sus ojos. Tiene los ojos como un pegote de miel. Melaza. Tiene los ojos melaza y está lleno de pecas. Y es un crío. Y un hombre. Y es imbécil.
Pero está enamorado, y eso ya es otra historia. Sigue hablando de ella y siguen brillándole esos dos faros. Sigue con su media sonrisa de no me importa pero aquí sigo, al pie del cañón. Entre papel y tinta. Entre cartas a la nada. Entre paraíso y bazofia. No me gusta que hable así pero es tan puro que sólo hace falta que brote de fuentes. He visto pocas veces transparencia tan real y tan cercana. - Tan sólo soy así por que eres tú-. Es así por que es así. Eres M.
Y yo que decirle. Me preguntó sobre todo y sobre nada a la vez. Y me faltaron palabras para acabar diciendo que todo está bien. Estoy bien M y eso es lo que importa. Mira, sonrío, y debes de estar orgulloso. Al fin y al cabo la sonrisa cura. Eso dicen. Como el tiempo. Que no hay duda.Pero todo está bien asfaltado. Y sonreía. Y sonreí. Y aquí me tienes. De pie y con desprendimiento de felicidad hasta por las orejas. Vivo. Y de eso me encargo.
De vivir.
De vivir.