martes, 19 de febrero de 2013


Hace unos días me encontré a M. Fácil reconocer su forma de andar y de mirar. Siempre gracioso. Siempre el mismo. 
Me dijo que el amor es como un par de cañerías viejas donde solo cabe mierda. Reí compulsivamente y me dejé contaminar por el humo de su cigarrillo a medias. No es que me haga gracia M, es que sigues teniendo la misma cara de enamorado que hace un año. Y me preocupa y me alegra y me emociona y me. Me das miedo.  Para empezar, M es una cosa genial. Si. Una cosa. Un personaje. Un todo. Vive anclado en el pasado y fotografía a cualquier cosa que ve con encanto ante sus ojos. Tiene los ojos como un pegote de miel. Melaza. Tiene los ojos melaza y está lleno de pecas. Y es un crío. Y un hombre. Y es imbécil. 
Pero está enamorado, y eso ya es otra historia. Sigue hablando de ella y siguen brillándole esos dos faros. Sigue con su media sonrisa de no me importa pero aquí sigo, al pie del cañón. Entre papel y tinta. Entre cartas a la nada. Entre paraíso y bazofia. No me gusta que hable así pero es tan puro que sólo hace falta que    brote de fuentes. He visto pocas veces transparencia tan real y tan cercana. - Tan sólo soy así por que eres tú-. Es así por que es así. Eres M. 

Y yo que decirle. Me preguntó sobre todo y sobre nada a la vez. Y me faltaron palabras para acabar diciendo que todo está bien. Estoy bien M y eso es lo que importa. Mira, sonrío, y debes de estar orgulloso. Al fin y al cabo la sonrisa cura. Eso dicen. Como el tiempo. Que no hay duda.Pero todo está bien asfaltado. Y sonreía. Y sonreí. Y aquí me tienes. De pie y con desprendimiento de felicidad hasta por las orejas. Vivo. Y de eso me encargo.
De vivir.





lunes, 18 de febrero de 2013

Hablamos del tiempo.
Y de domingos.
Domingos como eternos ojos
que no miran a nadie. 
Subiendo pero sin subir.
Como quien dice.
Caminando pero sin caminar. 
Negando pero sin negar. 
Evidencias.
Subidas
y bajadas. 
Pero estoy  volviéndome un
poco menos 
cuerda que ayer. 
Pero más que mañana. 


Dicen por ahí que andas buscando unos ojos.







domingo, 17 de febrero de 2013

(Con corazón a quemarropa.
En un puño. Con el corazón en el pecho. Que sale de órbitas.
Pero  roza tu pelo.
Y lo imposible se vuelve
 posible. Y su mirada. 
No es mirada. Es abismo. Es precipicio.)

Y todas las horas del reloj se destrozan. 
El tiempo entre estas costuras
se desprenden,
se descosen,
se abren.
Se abren. Y se cierran.









Trizás y corazón.

'La misma vida que brilla en el fresco de su espalda,
es la misma obra de arte, de lienzo inacabado,
que tampoco puede caber en  un museo'.
Como dijo aquel genio. Ni que los museos no entendieran de obras de arte.
Pero ésta excede estos límites.
Y es que no puede ser Stendhal más veloz entre
mis ojos. Y corazón. Un síndrome cualquiera que da vida.
Una enfermedad que roza el universo.
Universo que escondemos entre tiritas,
Trizas. Y corazón.

Musa de invierno.

Cuando escribir ya no era el encanto que rozaba sus mejillas,
siempre. Y digo siempre, le quedó decir que ella fue la musa de encuentro y de olvido.
La musa de retratos en lienzos, y de viejas cartas arrugadas. Siempre fue la musa. Siempre su musa.
Siempre fue la autodestrucción a la misma hora del reloj. Aquel reloj que hacía muecas
cada mañana siempre después del café de las siete. Un siete que le daba tregua.
Tregua. Tregua al verla pasar cada día a la misma hora con ojos llenos de silencio encajado entre las vértebras. Un dolor del bueno. Un dolor del de verdad.  Dolor. Así. A secas
y sin más.


 (Pero los buenos días siempre son alguien).