Siempre encuentro mis temores
en el bolsillo izquierdo de tu chaqueta.
Vienen en letra pequeña de ese con'(trato)
con los milagros que te traes en los labios'.
Y entiende mis secuelas en el hemisferio norte de tus vértices;
porque son pequeñas guerras sin victoria,
ya sabes, de tirarme cada domingo lluvioso
por el precipicio de tu espalda.
Me saca victoriosa la aunsencia de no tener un puñao' de sonrisas.
No sé, pero siempre ganas taladrándome el alma
y me pides que no escriba poesía,
que es martes,
y hace un frío de la ostia para quererte.
Pero siempre llamo a Mario cuando no estás,
que te envía recuerdos;
que 'Sobre todo si él tiene los huesos tristes y ella quiere sonreír pero no puede' -
dice, y ya lo ves.
Cómo será eso de tener los huesos tristes.
Será como vivir en el Ártico.
Como tener hielo en los pulmones.
Será como no tenernos, a secas.
El mecanismo de tu recuerdo está un poco jodido.
No sé si me entiendes.
Que tal vez
puede que al verte
quiera almacenar pedazos de ti
en la retina
y construirlos al azar como una fotografía rota
en pequeños trozos.
Reconstruirte.
Recomponerte,
¿lo estás leyendo?
pero cómo.
Si nunca he sabido como encajarte
entre mis manías.
Y tal vez la única manera de deshacerme de ti
sea ésta.
Y ninguna más.
lunes, 8 de abril de 2013
Una muerte elegante si hoy no te pienso.
Me acabo de dar cuenta de como funcionan los días en los que no te pienso. Es un puro mecanismo perfecto hasta que, para empezar, tú siempre apareces y ya no sirve de nada darme cuenta porque ya todo se descoloca de su sitio. Pero no, a ver, no es que te necesite a ti, es que te necesito conmigo. Ya sabes, no eres tú, soy yo. Entiende que estamos anhelando las horas en las que no nos probamos. Todas aquellas horas en las que no nos vimos desde dentro hacia fuera, desde la retina hasta el reflejo en el espejo de nuestros propios miedos. Entiende que tengo miedo a menudo a no tenerle miedo a un hecho que tenga que ver con el no verte aparecer de la nada. Ahí, plantado, como si todo lo pudieras, haciendote odiar en blucle y haciéndome exhalar el poco aire que me quede del que me sueles robar cada día impar. Y pasan factura mis pulmones. Entonces me afixio y bueno,
decirte que no me gustan los días impares, que me recuerdan a ti, y que no he visto un infierno más bonito desde que pienso en no pensarte y claro, todo es pura matemática inversa. Entonces pienso en no pensarte. Y te pienso y ya no hay vuelta
atrás.
ni adelante.
viernes, 5 de abril de 2013
Es Abril y está nevando. Son ciertas incoherencias que una tiene que aguantar en ciertos momentos. No es que odie la nieve, es apasionante, es blanca y lo blanco siempre me ha dado paz y frío.
Joder, ¿no es suficiente ya el frío aquí dentro, entre mis ganas de encontrarte y el corazón a contratiempo? ¿Por qué nieva si aún no has vuelto? ¿por qué sigo teniendo congelada la razón y las manos, el cuerpo y mis ganas, tu recuerdo y tu olvido? Por qué?.
¿Por qué se me enreda la garganta en un nudo, y se hace todo un lío ahí dentro que hasta falta el aire? Y es que si te pienso, no sabes como me falta el aire si te pienso.
Somos cronopios. Jodidos cronopios.
Somos un café solitario en una ciudad solitaria a una hora solitaria. Somos una servilleta de papel arrugada y tirada al suelo con cuatro versos y un pareado mal rimado. Somos incoherentes. Estamos allí y aquí, y al mismo tiempo no estamos y todo se vuelve del revés.
Y tú dices que te quieres morir. De frío. Y no sabes que el frío está en tus ojos y morir tú en ellos sería tan incoherente como decirte que moriría yo en ellos cuatrocientas veces más.
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