Lo bonito de cuando mueres un poco,
de ganas digo,
es aquella autodestrucción que se te queda amarrada a los vértices,
de madrugada.
Es desversarte los besos, desbesando estos versos.
Es ir de soledad en
soledad
y tiro porque se me afloja
el silencio.
miércoles, 22 de mayo de 2013
lunes, 8 de abril de 2013
Siempre encuentro mis temores
en el bolsillo izquierdo de tu chaqueta.
Vienen en letra pequeña de ese con'(trato)
con los milagros que te traes en los labios'.
Y entiende mis secuelas en el hemisferio norte de tus vértices;
porque son pequeñas guerras sin victoria,
ya sabes, de tirarme cada domingo lluvioso
por el precipicio de tu espalda.
Me saca victoriosa la aunsencia de no tener un puñao' de sonrisas.
No sé, pero siempre ganas taladrándome el alma
y me pides que no escriba poesía,
que es martes,
y hace un frío de la ostia para quererte.
Pero siempre llamo a Mario cuando no estás,
que te envía recuerdos;
que 'Sobre todo si él tiene los huesos tristes y ella quiere sonreír pero no puede' -
dice, y ya lo ves.
Cómo será eso de tener los huesos tristes.
Será como vivir en el Ártico.
Como tener hielo en los pulmones.
Será como no tenernos, a secas.
El mecanismo de tu recuerdo está un poco jodido.
No sé si me entiendes.
Que tal vez
puede que al verte
quiera almacenar pedazos de ti
en la retina
y construirlos al azar como una fotografía rota
en pequeños trozos.
Reconstruirte.
Recomponerte,
¿lo estás leyendo?
pero cómo.
Si nunca he sabido como encajarte
entre mis manías.
Y tal vez la única manera de deshacerme de ti
sea ésta.
Y ninguna más.
en el bolsillo izquierdo de tu chaqueta.
Vienen en letra pequeña de ese con'(trato)
con los milagros que te traes en los labios'.
Y entiende mis secuelas en el hemisferio norte de tus vértices;
porque son pequeñas guerras sin victoria,
ya sabes, de tirarme cada domingo lluvioso
por el precipicio de tu espalda.
Me saca victoriosa la aunsencia de no tener un puñao' de sonrisas.
No sé, pero siempre ganas taladrándome el alma
y me pides que no escriba poesía,
que es martes,
y hace un frío de la ostia para quererte.
Pero siempre llamo a Mario cuando no estás,
que te envía recuerdos;
que 'Sobre todo si él tiene los huesos tristes y ella quiere sonreír pero no puede' -
dice, y ya lo ves.
Cómo será eso de tener los huesos tristes.
Será como vivir en el Ártico.
Como tener hielo en los pulmones.
Será como no tenernos, a secas.
El mecanismo de tu recuerdo está un poco jodido.
No sé si me entiendes.
Que tal vez
puede que al verte
quiera almacenar pedazos de ti
en la retina
y construirlos al azar como una fotografía rota
en pequeños trozos.
Reconstruirte.
Recomponerte,
¿lo estás leyendo?
pero cómo.
Si nunca he sabido como encajarte
entre mis manías.
Y tal vez la única manera de deshacerme de ti
sea ésta.
Y ninguna más.
Una muerte elegante si hoy no te pienso.
Me acabo de dar cuenta de como funcionan los días en los que no te pienso. Es un puro mecanismo perfecto hasta que, para empezar, tú siempre apareces y ya no sirve de nada darme cuenta porque ya todo se descoloca de su sitio. Pero no, a ver, no es que te necesite a ti, es que te necesito conmigo. Ya sabes, no eres tú, soy yo. Entiende que estamos anhelando las horas en las que no nos probamos. Todas aquellas horas en las que no nos vimos desde dentro hacia fuera, desde la retina hasta el reflejo en el espejo de nuestros propios miedos. Entiende que tengo miedo a menudo a no tenerle miedo a un hecho que tenga que ver con el no verte aparecer de la nada. Ahí, plantado, como si todo lo pudieras, haciendote odiar en blucle y haciéndome exhalar el poco aire que me quede del que me sueles robar cada día impar. Y pasan factura mis pulmones. Entonces me afixio y bueno,
decirte que no me gustan los días impares, que me recuerdan a ti, y que no he visto un infierno más bonito desde que pienso en no pensarte y claro, todo es pura matemática inversa. Entonces pienso en no pensarte. Y te pienso y ya no hay vuelta
atrás.
ni adelante.
viernes, 5 de abril de 2013
Es Abril y está nevando. Son ciertas incoherencias que una tiene que aguantar en ciertos momentos. No es que odie la nieve, es apasionante, es blanca y lo blanco siempre me ha dado paz y frío.
Joder, ¿no es suficiente ya el frío aquí dentro, entre mis ganas de encontrarte y el corazón a contratiempo? ¿Por qué nieva si aún no has vuelto? ¿por qué sigo teniendo congelada la razón y las manos, el cuerpo y mis ganas, tu recuerdo y tu olvido? Por qué?.
¿Por qué se me enreda la garganta en un nudo, y se hace todo un lío ahí dentro que hasta falta el aire? Y es que si te pienso, no sabes como me falta el aire si te pienso.
Somos cronopios. Jodidos cronopios.
Somos un café solitario en una ciudad solitaria a una hora solitaria. Somos una servilleta de papel arrugada y tirada al suelo con cuatro versos y un pareado mal rimado. Somos incoherentes. Estamos allí y aquí, y al mismo tiempo no estamos y todo se vuelve del revés.
Y tú dices que te quieres morir. De frío. Y no sabes que el frío está en tus ojos y morir tú en ellos sería tan incoherente como decirte que moriría yo en ellos cuatrocientas veces más.
domingo, 10 de marzo de 2013
Puntos de sutura.
Eres París en cada una de sus estaciones,
y dueles más, cuando te conviertes en total ausencia.
Cuando estás y no estás al mismo tiempo y yo no sé qué hacer ni dónde meter las horas
que me quedan desencajadas entre la clavícula y el pulmón.
Como el aire de mi cigarro, y las caladas ahogadas.
Y como los versos sueltos que dan tanto vértigo, sí, los que quedan mejor sobre tu espalda. Como tus ojos, que se ven mejor si me los clavas. Muy a dentro.
Y de cómo sin ti Venecia no es Venecia sino un extraño abismo y precipicio jugado a una sola tirada. Es el fantasma que tanto temíamos, amor. Eres y no eres cuando estás y no estás.
Venecia sin ti son cuatro polvos y un adiós por cada aliento.
Venecia sin ti es la decepción de haber soñado tu boca
en madrugadas eternas, ¿verdad?
Es la felicidad más puta que bailaba sobre la cuerda floja y me axfisiaba con sus brazos.
Es la vida más puta que brilla sobre tus pómulos y a la vez tan opaca. Que duele.
Porque me dueles, amor.
Por que sin tus vicios y tus manías no bailaría sobre la cuerda. Ni sobre el borde de tus principios.
Y mis finales.
y dueles más, cuando te conviertes en total ausencia.
Cuando estás y no estás al mismo tiempo y yo no sé qué hacer ni dónde meter las horas
que me quedan desencajadas entre la clavícula y el pulmón.
Como el aire de mi cigarro, y las caladas ahogadas.
Y como los versos sueltos que dan tanto vértigo, sí, los que quedan mejor sobre tu espalda. Como tus ojos, que se ven mejor si me los clavas. Muy a dentro.
Y de cómo sin ti Venecia no es Venecia sino un extraño abismo y precipicio jugado a una sola tirada. Es el fantasma que tanto temíamos, amor. Eres y no eres cuando estás y no estás.
Venecia sin ti son cuatro polvos y un adiós por cada aliento.
Venecia sin ti es la decepción de haber soñado tu boca
en madrugadas eternas, ¿verdad?
Es la felicidad más puta que bailaba sobre la cuerda floja y me axfisiaba con sus brazos.
Es la vida más puta que brilla sobre tus pómulos y a la vez tan opaca. Que duele.
Porque me dueles, amor.
Por que sin tus vicios y tus manías no bailaría sobre la cuerda. Ni sobre el borde de tus principios.
Y mis finales.
martes, 5 de marzo de 2013
Aún no sé quién eres.
Fue un duelo de miradas;
a cada cual más profunda.
a cada cual más profunda.
Un duelo de grietas
en las paredes y en el alma.
- Un duelo de almas en toda regla.
en las paredes y en el alma.
- Un duelo de almas en toda regla.
En mis piernas reinaban terremotos,
y esas dos pupilas clavadas en estos dos ojos
no eran de este mundo.
Ni de ninguno.
y esas dos pupilas clavadas en estos dos ojos
no eran de este mundo.
Ni de ninguno.
En sus manos se escribía el arte de matar lentamente.
El arte de las palabras que no dijimos,
ni los suspiros que no supimos dar al aire.
El arte de arrasar con todos los esquemas
de esta cabeza.
El arte de las palabras que no dijimos,
ni los suspiros que no supimos dar al aire.
El arte de arrasar con todos los esquemas
de esta cabeza.
Y hoy, fría como el hielo, aún no sé si vivo en invierno
sueño con la primavera,
si bailo en otoño,
o si te conocí un verano
Lo cierto es que no sé quién eres, amor.
martes, 19 de febrero de 2013
Hace unos días me encontré a M. Fácil reconocer su forma de andar y de mirar. Siempre gracioso. Siempre el mismo.
Me dijo que el amor es como un par de cañerías viejas donde solo cabe mierda. Reí compulsivamente y me dejé contaminar por el humo de su cigarrillo a medias. No es que me haga gracia M, es que sigues teniendo la misma cara de enamorado que hace un año. Y me preocupa y me alegra y me emociona y me. Me das miedo. Para empezar, M es una cosa genial. Si. Una cosa. Un personaje. Un todo. Vive anclado en el pasado y fotografía a cualquier cosa que ve con encanto ante sus ojos. Tiene los ojos como un pegote de miel. Melaza. Tiene los ojos melaza y está lleno de pecas. Y es un crío. Y un hombre. Y es imbécil.
Pero está enamorado, y eso ya es otra historia. Sigue hablando de ella y siguen brillándole esos dos faros. Sigue con su media sonrisa de no me importa pero aquí sigo, al pie del cañón. Entre papel y tinta. Entre cartas a la nada. Entre paraíso y bazofia. No me gusta que hable así pero es tan puro que sólo hace falta que brote de fuentes. He visto pocas veces transparencia tan real y tan cercana. - Tan sólo soy así por que eres tú-. Es así por que es así. Eres M.
Y yo que decirle. Me preguntó sobre todo y sobre nada a la vez. Y me faltaron palabras para acabar diciendo que todo está bien. Estoy bien M y eso es lo que importa. Mira, sonrío, y debes de estar orgulloso. Al fin y al cabo la sonrisa cura. Eso dicen. Como el tiempo. Que no hay duda.Pero todo está bien asfaltado. Y sonreía. Y sonreí. Y aquí me tienes. De pie y con desprendimiento de felicidad hasta por las orejas. Vivo. Y de eso me encargo.
De vivir.
De vivir.
lunes, 18 de febrero de 2013
Hablamos del tiempo.
Y de domingos.
Domingos como eternos ojos
que no miran a nadie.
Subiendo pero sin subir.
Como quien dice.
Caminando pero sin caminar.
Negando pero sin negar.
Evidencias.
Subidas
y bajadas.
Pero estoy volviéndome un
poco menos
cuerda que ayer.
Pero más que mañana.
Dicen por ahí que andas buscando unos ojos.
domingo, 17 de febrero de 2013
(Con corazón a quemarropa.
En un puño. Con el corazón en el pecho. Que sale de órbitas.
Pero roza tu pelo.
Y lo imposible se vuelve
posible. Y su mirada.
No es mirada. Es abismo. Es precipicio.)
Y todas las horas del reloj se destrozan.
El tiempo entre estas costuras
se desprenden,
se descosen,
se abren.
Se abren. Y se cierran.
En un puño. Con el corazón en el pecho. Que sale de órbitas.
Pero roza tu pelo.
Y lo imposible se vuelve
posible. Y su mirada.
No es mirada. Es abismo. Es precipicio.)
Y todas las horas del reloj se destrozan.
El tiempo entre estas costuras
se desprenden,
se descosen,
se abren.
Se abren. Y se cierran.
Trizás y corazón.
'La misma vida que brilla en el fresco de su espalda,
es la misma obra de arte, de lienzo inacabado,
que tampoco puede caber en un museo'.
Como dijo aquel genio. Ni que los museos no entendieran de obras de arte.
Pero ésta excede estos límites.
Y es que no puede ser Stendhal más veloz entre
mis ojos. Y corazón. Un síndrome cualquiera que da vida.
Una enfermedad que roza el universo.
Universo que escondemos entre tiritas,
Trizas. Y corazón.
es la misma obra de arte, de lienzo inacabado,
que tampoco puede caber en un museo'.
Como dijo aquel genio. Ni que los museos no entendieran de obras de arte.
Pero ésta excede estos límites.
Y es que no puede ser Stendhal más veloz entre
mis ojos. Y corazón. Un síndrome cualquiera que da vida.
Una enfermedad que roza el universo.
Universo que escondemos entre tiritas,
Trizas. Y corazón.
Musa de invierno.
Cuando escribir ya no era el encanto que rozaba sus mejillas,
siempre. Y digo siempre, le quedó decir que ella fue la musa de encuentro y de olvido.
La musa de retratos en lienzos, y de viejas cartas arrugadas. Siempre fue la musa. Siempre su musa.
Siempre fue la autodestrucción a la misma hora del reloj. Aquel reloj que hacía muecas
cada mañana siempre después del café de las siete. Un siete que le daba tregua.
Tregua. Tregua al verla pasar cada día a la misma hora con ojos llenos de silencio encajado entre las vértebras. Un dolor del bueno. Un dolor del de verdad. Dolor. Así. A secas
y sin más.
(Pero los buenos días siempre son alguien).
siempre. Y digo siempre, le quedó decir que ella fue la musa de encuentro y de olvido.
La musa de retratos en lienzos, y de viejas cartas arrugadas. Siempre fue la musa. Siempre su musa.
Siempre fue la autodestrucción a la misma hora del reloj. Aquel reloj que hacía muecas
cada mañana siempre después del café de las siete. Un siete que le daba tregua.
Tregua. Tregua al verla pasar cada día a la misma hora con ojos llenos de silencio encajado entre las vértebras. Un dolor del bueno. Un dolor del de verdad. Dolor. Así. A secas
y sin más.
(Pero los buenos días siempre son alguien).
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