domingo, 10 de marzo de 2013

Puntos de sutura.

Eres París en cada una de sus estaciones, 
y dueles más, cuando te conviertes en total ausencia.
Cuando estás y no estás al mismo tiempo y yo no sé qué hacer ni dónde meter las horas
que me quedan desencajadas entre la clavícula y el pulmón. 
Como el aire de mi cigarro, y las caladas ahogadas. 
Y como los versos sueltos que dan tanto vértigo, sí, los que quedan mejor sobre tu espalda. Como tus ojos,  que se ven mejor si me los clavas. Muy a dentro.
Y de cómo sin ti Venecia no es Venecia sino un extraño abismo y precipicio jugado a una sola tirada.  Es el fantasma que tanto  temíamos, amor. Eres y no eres cuando estás y no estás.

Venecia sin ti son cuatro polvos y un adiós por cada aliento.

Venecia sin ti es la decepción de haber soñado tu boca
en madrugadas eternas, ¿verdad? 
Es la felicidad más puta que bailaba sobre la cuerda floja y me axfisiaba con sus brazos.
Es la vida más puta que brilla sobre tus pómulos y a la vez tan opaca. Que duele.

Porque me dueles, amor. 

Por que sin tus vicios y tus manías no bailaría sobre la cuerda. Ni sobre el borde de tus principios.

                                                     Y mis finales.



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