Siempre encuentro mis temores
en el bolsillo izquierdo de tu chaqueta.
Vienen en letra pequeña de ese con'(trato)
con los milagros que te traes en los labios'.
Y entiende mis secuelas en el hemisferio norte de tus vértices;
porque son pequeñas guerras sin victoria,
ya sabes, de tirarme cada domingo lluvioso
por el precipicio de tu espalda.
Me saca victoriosa la aunsencia de no tener un puñao' de sonrisas.
No sé, pero siempre ganas taladrándome el alma
y me pides que no escriba poesía,
que es martes,
y hace un frío de la ostia para quererte.
Pero siempre llamo a Mario cuando no estás,
que te envía recuerdos;
que 'Sobre todo si él tiene los huesos tristes y ella quiere sonreír pero no puede' -
dice, y ya lo ves.
Cómo será eso de tener los huesos tristes.
Será como vivir en el Ártico.
Como tener hielo en los pulmones.
Será como no tenernos, a secas.
El mecanismo de tu recuerdo está un poco jodido.
No sé si me entiendes.
Que tal vez
puede que al verte
quiera almacenar pedazos de ti
en la retina
y construirlos al azar como una fotografía rota
en pequeños trozos.
Reconstruirte.
Recomponerte,
¿lo estás leyendo?
pero cómo.
Si nunca he sabido como encajarte
entre mis manías.
Y tal vez la única manera de deshacerme de ti
sea ésta.
Y ninguna más.
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